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La historia de novela detrás del edificio más bonito de Buenos Aires.

Viernes, agosto 28th, 2015

Edificio Kavanagh

El edificio Kavanagh fue el edificio de hormigón más alto de Sudamérica en la década de1930. En 1994, la Asociación Estadounidense de Ingeniería Civil lo distinguió como «Hito Histórico Internacional de la Ingeniería». Desde 1999 pertenece al Patrimonio Mundial de la Arquitectura de la Modernidad, por decisión de la UNESCO. Fue declarado Monumento Histórico Nacional, con lo cual los residentes están eximidos del pago de impuestos.

A finales de 2008 el piso 14 salió a la venta con un precio de 5,9 millones de dólares por sus 726 m2. Tiene vista en 360º al Río de la Plata, plaza San Martín, Puerto Madero y el resto de la Ciudad. Su propietario es el noble británico, lord Alain Levenfiche.

En la película argentina “Medianeras”, la protagonista, una arquitecta, cuanta una deliciosa historia acerca del origen del edificio. Un deleite que les comparto:

Adiós a un icono: Puerta México

Lunes, febrero 16th, 2015

Puerta Mexico

Para todos los extranjeros establecidos en Tijuana antes de 2012, el edificio de la Puerta México quedará grabado en nuestras memorias como el lugar adonde una vez al año, durante diez años, acudíamos a renovar nuestro deseo de establecernos definitivamente aquí. Recuerdos de burocracia, abuso de autoridad, lentitud exasperante y, porqué no aceptarlo, uno que otro servidor público que se atrevía a hacer bien su trabajo y atender a la gente de manera digna.

Las veces que me tocó visitar las oficinas de Migraciones o Relaciones Exteriores por dentro, era evidente que habían sido acomodadas allí de manera provisoria desde hacía varios años atrás. Con muebles viejos, equipamiento obsoleto, señalización despersonalizada y personal desmotivado, el edificio me parecía una inmensa tortuga a la que cada año debía ir a despertar dentro de su caparazón. Si me tocaba ir a tomar fotocopias a los locales de abajo, era para encontrarme con otra imagen de anarquía y descuido donde los vendedores de baratijas y los explotadores de la necesidad de un sanitario vendían a precio elevadísimo productos o servicios de la peor calaña.

Sin embargo, para mí, contrastaba como un oasis en medio del mar de carros, ese edificio enorme que se extendía abrazando los múltiples carriles, que daba un espacio a los árboles y ofrecía un lugar de esparcimiento y encuentro debajo de su gigantesco techo redondeado a quienes acababan de cruzar a Tijuana a través de esa puerta giratoria que hacía un “¡Clac! ¡Clac!” metálico particular.

Siempre me resultó evidente que el Puente o Puerta México era una obra monumental en completo descuido por parte de las autoridades, bajo el acecho del comercio (i)legal, los sindicatos y los permisionarios de carteleras y espectaculares. Un negocio informal gigantesco, como una probadita de Latinoamérica para quien pone sus pies por primera vez aquí.

A raíz de su inminente desaparición y de las nulas explicaciones que han dado las autoridades acerca del plan o proyecto para reemplazarlo o modificarlo —en el sitio de la SFP solo encontré esta descripción sintética en PDF donde la Puerta México está identificada como Edificio Histórico— reflexiono sobre lo que representan los edificios como iconos o emblemas de una ciudad, por un hecho histórico ocurrido en ella o un momento en su vida institucional o social.

Cuando hace diez años (¡diez años!) me tocó trabajar en la campaña de lanzamiento del Petco Park junto al equipo de Medicis Comunicación, una de los momentos más destacados de todo el proyecto fue el registro audiovisual y cobertura mediática del cambio de ubicación del edificio de la Western Metal Supply Co., el cual había sido declarado Edificio Histórico, lo que impedía su demolición. La empresa constructora acordó con las organizaciones de preservación del patrimonio histórico de San Diego, literalmente extirpar de raíz —desde sus cimientos— al edificio, para reubicarlo en la esquina y rehabilitarlo como departamentos de lujo, tienda oficial de los Padres y palcos con vista panorámica. Además, se vendieron patrocinios con los restos de las áreas demolidas y cada patrocinador podía comprar un ladrillo histórico en el que se inscribía su nombre y con el que se construyó un muro de “Amigos del Parque” que recibe a todos los visitantes.

El caso mencionado es solo un ejemplo que viene al caso como reflexión sobre lo que puede evitar un papel que declara Patrimonio Histórico a un edifico —al menos en Estados Unidos—. Sí, las comparaciones parecen odiosas o trilladas, pero evidencian la importancia de los edificios como iconos de una sociedad que los usa como punto de reunión —nuestra glorieta de Cuauhtémoc cada vez que gana nuestra selección de fútbol—, o que descarga en ellos su frustración porque simbolizan a sus ocupantes o sus decisiones —como el Palacio del Ayuntamiento o las sucursales de Soriana—.

Para quienes trabajamos en publicidad es doloroso ver desaparecer a un icono arquitectónico o natural, pues estamos acostumbrados a hacer valer mil palabras con una imagen: La Torre Eiffel es Francia, el Ángel de la Independencia es el D.F. Si esos iconos desaparecen de manera trágica como las Torres Gemelas de Nueva York, es doloroso; pero si desaparecen por razones de dudosa planificación es, además, sospechoso.

Deseamos desde nuestro espacio como publicitarios que el daño provocado a una obra visionaria que solía recibir y despedir a nuestros visitantes, sea reparado con creces, para beneficio de todos y no solo para los grupos de poder que tan mal aspecto dan a nuestra puerta de entrada y de salida. Que se estandaricen y regularicen los espacios y permisos para la publicidad en la Línea. Que aprendamos de los vecinos que aún conservan el edificio que inauguró su presidente Nixon a solo unos metros de allí. Que, en el futuro, cuando deseemos anunciar o presumir a Tijuana, podamos resumirla en una imagen y que esa imagen sea digna y nos enorgullezca a todos.