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La culpa no es del indio…

Jueves, octubre 22nd, 2015

Los comunicólogos de hoy gustamos de sostener que la prole merece un trato de prole, de lenguaje básico y llano. Nosotros mismos nos lo creemos y somos quienes lo construimos, lo publicamos y lo ponemos al aire. La gente solo lo consume porque la forzamos a hacerlo, la condiconamos a seguir lo que es trend y es éxito.

Si viajara 60 años atrás en el tiempo, pensaría que entonces uno se dirigía a las masas analfabetas con un “¡Qué hubo, raza!” Y que al regresar vería un discurso evolucionado, directo pero rico en estímulos y constructivo. La evidencia muestra otra cosa.

Ante las próximas Elecciones en Argentina‬, en medio de mis lecturas me encontré con dos discursos unidos por el hilo conductor de los derechos de la mujer. Uno es de 1947, cuando Eva Duarte, de profesión actriz, presidenta de la fundación de ayuda a los trabajadores durante el gobierno de Perón, se dirigió a las mujeres de todo el país al recibir la noticia de la promulgación de la Ley del Voto Femenino. El otro es de la Presidenta Cristina Fernández, de profesión abogada, a propósito su participación en la ONU y la reivindicación de los derechos femeninos, durante la inauguración de la planta de L’Oreal en Argentina.

Eva Duarte: “Recibo en este instante, de manos del Gobierno de la Nación, la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo, ante vosotras, con la certeza de que lo hago, en nombre y representación de todas las mujeres argentinas. Sintiendo, jubilosamente, que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria (…) Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos una larga historia de lucha, tropiezos y esperanzas. ¡Por eso hay en ella crispaciones de indignación, sombras de ocasos amenazadores, pero también, alegre despertar de auroras triunfales!”

Cristina Fernández: “(…) Por eso, creo que en este lugar, donde las mujeres utilizamos cosas para ponernos lindas, que no nos corran por el hecho de que querer aparecer como lindas… no, no, no confundamos las cosas, tenemos que defender a todas las mujeres: a las que quieren ser lindas, a las que no le gusta arreglarse… por el solo hecho de ser mujer defender a las mujeres.”

Todos somos nacos mexicanos.

Jueves, diciembre 4th, 2014
"Esperemos que el territorio estadounidense siga produciendo gente aún más amable”.

“Esperemos que el territorio estadounidense siga produciendo gente aún más amable”.

Las recientes declaraciones de #ChrisRock acerca del racismo en Estados Unidos me hicieron pensar sobre nuestros propios preconceptos y posturas. Hoy, a través de Facebook, leo la palabra “anarquista” en los encabezados de todos los medios. Inmediatamente viajo en el recuerdo hasta la década del 70, cuando mi abuela me decía: “¡Metete a la casa porque te van a llevar los terroristas!”. O cuando en el juego con amiguitos unos a otros se acusaban diciendo “¡Tu papá es peronista!”. El gobierno militar de entonces encarnizó aún más las posturas, y el camino de la división ha llevado a Argentina a estar hoy polarizada entre los K y antiK, es decir, quienes están a favor o en contra del gobierno de los Kirchner.

Pero las posturas políticas tienen que ver con apasionamientos y dogmas que el oficialismo podría capitalizar con un buen gobierno o con demagogia. Lo realmente lamentable es que la sociedad y los individuos empecemos a tomar posturas y a calificar o clasificar a los demás de acuerdo a criterios superficiales que al principio parecen banales pero que terminan convirtiéndose en odio de género, raza, origen, creencias o preferencias. Estas posturas son más desagradables aún cuando las sostienen personas que podrían considerarse intelectualmente preparadas, socialmente establecidas y económicamente desahogadas. Supondríamos que su acceso a educación e información calificada los prepararía para ser más tolerantes y sensibles a la condición ajena. Tal parece que no.

Es más que claro el doble discurso tijuanense cuando se trata de los deportados o indigentes que viven en la canalización del Río Tijuana. Cuando esos hombres —la mayoría son hombres— viven y trabajan escondidos de la Migra en Estados Unidos, los calificamos como la fuerza chambeadora reivindicando a la raza mexicana ante el usurpador gringo. Son casi próceres de una nueva revolución. Mas, cuando son deportados a Tijuana con lo que llevan puesto y acaban en la canalización o pidiendo en los semáforos, son los pinches flojos, adictos y sucios a quienes ignoramos tras las ventanas de nuestros carros.

Algo similar pasa con la gente venida del interior de México o de la frontera sur hacia abajo. A ellos les toca el mote de inditos o uajaquitas si son sumisos, o chinolas, rancheros, buchones si son ostentosos. ¡Y ni hablar de los nacos! Para todos los tijuanenses nice, la ciudad se está llenando de ellos, de su música y sus ropas de segunda clase.

Algo horrible pasa en México ante nuestras narices, es la tremenda desigualdad y la indiferencia por las distintas condiciones en las que a todos nos toca nacer, crecer y vivir. Quienes podemos considerarnos en una posición acomodada de clase media debemos ser conscientes de que las declaraciones que hacemos desde nuestro púlpito acolchonado son estrictamente relativas a nuestro entorno, pues en una ciudad, un estado y un país tan desigual e inequitativo, no todos podemos alinearnos bajo una ideología, unas reglas o un sistema. Primero deberíamos dar las mismas oportunidades a todos —con respeto y consideración de las diferencias—, para luego señalar y en su caso corregir a quien las burle.

Es muy evidente: A quienes veo en la calle exceder por mucho los límites de velocidad, pasarse los altos, interrumpir el paso en las banquetas, cobrar rentas en dólares y convertirse en deudores incobrables, son los mismos que tienen los adjetivos rápidos y el desprecio en la punta de la nariz para con aquellos que no tienen lo suficiente para alcanzar sus estatus (manejar sus mismos carros, vivir en los mismos fraccionamientos, cultivar las mismas amistades en los mismos restaurantes…)

Y aún dentro de su circuito cada vez más selecto, estimulan la frustración social de los jóvenes con la consigna de ser líderes, exitosos, machos alpha, guapas y emprendedoras, en lugar de fomentar en ellos el humanismo, el aprecio mutuo, el trabajo conjunto y la solidaridad genuina (no limosna ni redondeo) por quienes menos oportunidades tienen.

México está en una crisis histórica de sus valores, sus cimientos y su sistema representativo. En esa macro perspectiva, quienes tenemos cómodo acceso a la información y un criterio académico promedio, debemos abrir los ojos y ver a México por completo. Más allá de los 20 millones que sobrevivimos o supervivimos entre la clase alta y lo que queda de la clase media, hay otros 100 millones de personas como nosotros. Todos somos mexicanos. Todos tenemos derecho a las mismas oportunidades y libertad para elegir vivir la vida que queramos sin afectar la vida ajena y sin reprocharles a otros su elección o condición. Todos somos #Ayotzinapa, mas no por eso todos somos #anarquistas.

La Democracia no se vende

Lunes, julio 1st, 2013

ImagenEl título de mi “calumnia” de hoy no refiere a la consigna o eslogan de un movimiento democrático ni a la de partido alguno, sino a un enunciado que se me ocurrió a propósito de los pocos —poquísimos— “consumidores” (votantes) que elección tras elección consiguen los partidos políticos y los organismos electorales del Estado y de la Federación, llámense IFE o Instituto Electoral y de Participación Ciudadana.

Los porcentajes de abstencionismo son catastróficos (casi 70%) si con ellos se quisieran medir los resultados de las campañas publicitarias del IEPCBC, las cuales llaman a los ciudadanos a “no ser apáticos” y participar con su voto para luego hacer valer su derecho a criticar al gobierno y hacer cumplir las promesas de campaña. Pasadas una tras otra las elecciones, a los ciudadanos les ha quedado el sabor de que todo lo invertido por el Gobierno en estas campañas de promoción de voto se ha hecho solo por cumplir un requisito cuyos objetivos no son planeados y mucho menos cumplidos. Peor aún, si pasadas las elecciones se analiza “el triunfo” del partido ganador, los números son raquíticos y dan cuenta de que los nuevos “representantes” del pueblo no cuentan con siquiera el voto del 25% del padrón. Lamentable.

Los llamados “apáticos” por el IEPCBC responden más a la suspicacia que a la apatía, pues la experiencia les dicta que en todos los casos —¿habrá honrosas excepciones?—, los elegidos por el voto popular priorizan las alianzas en pos del beneficio de sus partidos por encima de las necesidades que prometieron remediar. Así, año tras año, crece el padrón, pero también crece la desazón y desinterés de quienes, no obligados a votar, prefieren la honestidad de una carne asada dominguera que nunca les queda a deber.

Uno de los primeros trabajos que me tocó hacer cuando iniciaba en mi carrera publicitaria fue una campaña para un candidato a alcalde de mi ciudad natal en Argentina. Para instruirme acerca de las características de una campaña política, recurrí a un libro del periodista publicitario Alberto Borrini (Cómo se hace un presidente. Ediciones El Cronista Comercial, 1987), en él, Borrini mencionaba algo que hoy tiene mayor vigencia que entonces. Apelo a mi pésima memoria para tratar de reconstruir su reflexión: “Si los políticos fueran Pepsi vs. Coca-Cola, matarían la sed”. Con esta alegoría Borrini explicaba que con sus discursos ofensivos los candidatos solo conseguían que el público desistiera de participar del acto democrático del voto; es decir, mataban la sed de votar.

Las campañas de los candidatos actuales en nuestro Estado no alcanzan ni se acercan a incentivar el voto. Por su parte, los bienintencionados, pero mal orientados mensajes del IEPCBC son un suspiro ingenuo en medio de un huracán de súper elaboradas calumnias y poco elaboradas propuestas que invaden las calles, el aire de radio y televisión, y los bits de la web con más de lo mismo. Mientras, los ciudadanos, “sin querer queriendo” nos encaramamos en la otra esquina del ring político a alentar y arengar a nuestros gallos en esta contienda: El abstencionismo, el voto en blanco, Ernesto Eslava y el Gato Morris, y ya no hay quien compre la Democracia y la participación que nos quieren vender.

Ojalá, con todo en contra, tu espíritu democrático y patriótico te lleve este domingo 7 de Julio a presentarte en tu mesa y emitir tu voto. Felicidades por ti que puedes hacerlo y lo haces; seguramente tu ejemplo será mucho más efectivo que los millones de pesos gastados en promover otra elección.