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Dog of Wisdom

Jueves, septiembre 3rd, 2015

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Otra Burla a la Razón Humana

Lunes, enero 12th, 2015

De la página de Facebook de Andrés Calamaro.

No existe el opositor taurino furioso. Es una tendencia, como conocemos a las modas del pensamiento aun ausente. Apenas si conocen la vida como para presumir de muerte digna para los bravos toros de lidia. Sencillamente no han visto jamás una tarde de toros, ni fueron al campo de tentaderos, ni leyeron libro alguno, ni biografías ni tauromaquias, dudo que se hayan molestado en verlo por TV o en el youtube (aunque alguno podrá decir, desde lo altísimo de la experiencia) que si vio algo alguna vez (pero no recuerda los diestros ni la ganadería). Motivos mas que suficientes para confirmar que esta Yihad Antitaurina esta compuesta, en una amplísima, mayoría por menores de edad, adolescentes, algunos de Argentina donde no se celebra una corrida desde hace 200 años … Otros atrapados por una vida virtual que no es vida, por corrientes de opinión atractivas … Pues no. No me habéis convencido, mas bien todo lo contrario. Habiendo leído cientos, quizás miles, de berridos y cacareos que tengo que considerar opiniones enfáticas, llego a la misma conclusión : La tauromaquia es arte para corazones fuertes, para el pueblo verdadero, para los humildes y los caballeros, para los del pueblo y los de ciudad, para intelectuales y obreros, para hombres y mujeres, pero siempre para corazones fuertes … Y aquí no transitan estas especies humanas. Tire una bomba en el jardín de infantes, una bomba de arte y verdad. Que les queda grande o llega demasiado pronto a la vida de ustedes, chiquillos … No es tan fácil demostrar que uno es un buen hombre o toda una mujer, hará falta mucho mas que seguir la corriente …

“La Ametralladora de los miserables” la vimos venir hace quince años desde nuestro altissimo subsuelo findelmundista. Puritanismo en escalas menores, deconocimiénto de los grises, del blanco y del negro.

¡Qué farsa!

Soy carnívoro cultural, no me confundo pensando (ni mucho menos ventilando alegremente) que soy un cazador que necesita de la ingesta de carne de mamíferos para sobrevivir. Como carne y derivados animales (queso o huevos) para deleitarme con suculentos platos preparados con artesanía -y con ciencia culinaria- por restauradores o personas que saben preparar comida rica merced la tradición o la práctica.
Sé que compartir un opíparo asado es un ejercicio pornográfico y cínico en un mundo que muere (literalmente) de hambre. No por eso repudio a otros como yo que comen rico, ni a aquellos que riegan sus comilonas con caldos añejados en roble, fermento de la vid. Otros seres vivos: las uvas. Desde mis lejanas y juveniles vacaciones me permito pescar con boyita o plomada sin culpa, y me gustaría tener un fin de semana para practicar la pesca del dorado, o el surubí, en el Paraná correntino. Y volvería a deleitarme con la parrilla -o la milanesa- mesopotámica, aun sabiendo que aquellos peces pescados murieron para mi placer deportivo o gourmetier, puesto que comiendo hierba (pasto) podría alimentarme y crecer fuerte como un caballo, grandioso como un elefante o cualquier otro animal vegano de respetables hechuras. Otro asunto que no levanta ampollas en la opinión pública es el uso de cosméticos o cremas para mejorar la piel, para cuya ciencia se sacrifican ya no miles, sino millones de mamíferos en Europa o donde sea que los laboratorios desarrollan asuntos cosméticos o medicinas de otra índole, incluso aquellas que salvan vidas humanas; solamente las vidas que puedas pagar los tratamientos. Porque el gran crimen del que somos cómplices es la desigualdad y los más masivos asesinatos son el hambre y la guerra. Mucho menos despreciable es el fraude de ternura que supone adoptar mamíferos y castrarlos para que se adapten a nuestra vida sedentaria en apartamentos, y hacerlos orinar una vez por día. Enérgicamente desapruebo la deforestación y su consiguiente desastre ecológico, sin embargo no propongo prohibir la literatura y celebro que tantos grandes autores hayan publicado en papel impreso cuando la opción editorial era una sola y no existían las pantallas digitales fabricadas por trabajadores esclavos en países de oriente. La mayoría de los canallas que lean estos ingeniosos párrafos estarán de acuerdo en protestar por el hambre y la guerra, algunos más sensibles sentirán piedad por el surubí de las milanesas, por las ratas de laboratorio, por los árboles talados y los cachorros castrados. Pero de ahí a prohibir la libre tenencia de mascotas, la existencia de restaurantes, celebrar asados o comer libremente en un restaurante, hay una distancia sideral. Llamar hijo de puta a cualquiera que se pasea con un perro es exagerado. Leer el periódico como pasatiempo y (de paso) enterarse que en Siria asesinaron a cien mil es una paradoja. Hay que tragarse todo esto, lo anteriormente citado y al periodista degollado…masticarlo, tragarlo y digerirlo. No volver a leer un libro impreso en papel, ni comprar electrónica fabricada en el lejano oriente, no usar alianzas de oro ni camisetas de algodón (perjudican y mucho al medio ambiente), jamás sentarse a comer un asado por el mero placer de compartir la rica carne a la barbacoa con amigos o parientes. Y limpiarse el culo con la mano. El siguiente paso será desconfiar de la ficción. ¿Por qué? Porque el cine de terror, las películas bélicas, muchos cuadros en los museos -incluso la biblia- recrean escenas sanguinarias y (aunque virtual y artístico) también es una forma de violencia. Visto este panorama, protestar por la existencia de las corridas de toros es de una ingenuidad imperdonable, pero incubar un sentimiento de desprecio inquisitorial es infantil y –desde todo punto de vista- imperdonable. Es terrorismo prohibionísta insensato. No cualquiera va a percibir los destellos de arte en la pintura abstracta, el free jazz o el cine de Bergman. Es probable que necesitemos ofrecer nuestra conciencia, darnos tiempo para aprender a ver y escuchar; la mayoría sabemos que muchas cosas que no entendimos valen la pena a pesar de nosotros. De ahí a levantar indignados la voz para llamar asesino al carnicero o a Ornette Coleman, hay una distancia sideral que, inequívocamente, te convierte en ingenuo ignorante o en un triste hijo de mil putas (aun sin darte cuenta, puesto que desde tempranas edades te entrenan para no darte cuenta de tantas cosas que importan).
Nada que llame demasiado la atención en un mundo idiota que vive equivocándose.

Aparatosos usos de adjetivos.

Jueves, agosto 2nd, 2012

Me desperté esta mañana con Milenio Noticias en la tele (perdón, pero tengo Sky y no tengo opción), y allí hablaban de un “aparatoso incendio” ocurrido en Oklahoma. Seguí el camino hacia la oficina con MVS, donde comentaban acerca de una “aparatosa caída” del rey Juan Carlos de España. Ya en la oficina, leí en el periódico una nota referida al “aparatoso choque” ocurrido anoche en una colonia del sur de la ciudad. Aparatos y aparatosidades de la redacción noticiosa. ¿Deberíamos dejar de confiar tanto en los aparatos que no hacen otra cosa que meternos en problemas, o mejor empezar a utilizar aquellos adjetivos dejados de lado cuando hablamos de accidentes?

Hello world!

Miércoles, septiembre 24th, 2008

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