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5 discapacidades de Tijuana.

Jueves, agosto 27th, 2015

Llevo varias semanas “caminando” con muletas debido a un accidente doméstico que acabó con mi talón quebrado en tres partes y cinco semanas de yeso y reposo forzado.

La parte buena de esta situación es que descubrí cómo el cuerpo y el cerebro se adaptan a cualquier situación para sobrellevarla. Me puse atento y alerta a detalles antes imperceptibles. Reviso si una banqueta termina recta u oblicua, para no resbalar. También bloqueé a 7Eleven de mis antojos, porque no hay forma de caminar con muletas y llevar el vaso de café al mismo tiempo.

También puedo reconocer y aprovechar los avances de la tecnología, algunos de ellos desconocidos, como que el yeso con que nos enyesan ya no es de yeso, sino de fibra de vidrio, mucho más liviano, higiénico, ventilado y rígido. Una maravilla. Y, desde luego, internet. Llevaba muchísimo tiempo sin hacer home office o tener conferencias vía web por Skype o Facetime. La verdad es que no utilizamos de internet todas las ventajas que nos permite aprovechar de manera gratuita para nuestras actividades laborales.

Pero, ya puesto en los zapatos (o el zapato, porque ando en un solo pie) de una persona impedida de movilizarse de manera normal, me doy cuenta de las enormes falencias de nuestros hogares, oficinas, dependencias, negocios, transporte y vía pública para el desempeño de una vida normal.

De inicio, cualquier impedimento físico es tratado como un candidato a la compasión, la limosna o al Teletón. La gente es muy generosa y compasiva, pero uno debe poder subir solo esa banqueta; claro, siempre que la banqueta tenga rampa o que no haya un carro estacionado frente a ella.

Autor: Alfonso Caraveo Castro

Autor: Alfonso Caraveo Castro

Al fin que hice 5 descubrimientos (muy evidentes todos) de situaciones, condicionamientos o alertas sobre cosas u hechos que deberían modificarse o acondicionarse para que alguien con un impedimento motriz pueda mejor utilizar para disfrutar su vida diaria:

1) Rampas y más rampas:

Mi oficina se encuentra dentro del edificio de una compañía de seguros. Supondríamos que, por lo mismo, el edificio estaría acondicionado para facilitar las actividades de los inquilinos y visitantes como acción preventiva de accidentes y posteriores gastos. Pero no, ni una rampa tiene.

Faltan rampas en muchísimos puntos indispensables de la ciudad (como Cervecería Mamut, indispensable para mí) y, la mayoría de los edificios solo las tienen como elemento decorativo o empinadas como si de subir un cerro se tratara.

2) Barras de sostén:

Esto que vemos en todos los baños del “otro lado”, solo en contadísimos lugares encontramos aquí. Cuando uno los necesita realmente se da cuenta de que son útiles en todas partes. Nada mejor que un sólido soporte cuando uno no tiene forma de sostenerse o apoyarse. De verdad, es utilísimo.

3) Banquetas parejas y libres:

Caminar libremente por las banquetas como uno lo haría en cualquier otra ciudad, en Tijuana es un desafío para Indiana Jones. Las banquetas son el reino de los carros y de los puestos ambulantes. Si le sumamos que ninguna banqueta de una fachada es continuidad de la otra, sino un catálogo de mosaicos, losetas y baldosas, carcomidas por hoyos de todos diámetros y profundidades, más los siempre pendientes trabajos de la Cespt, el tránsito peatonal se vuelve un evento offroad incluso para quien anda saludablemente sobre sus dos pies.

Hagan la prueba, caminen por cualquier banqueta haciéndose a la idea de que van en silla de ruedas. Se acordarán de la mamá de todos los funcionarios que administraron Tijuana desde su fundación.

4) Cosas al alcance:

Yo frecuento el 7Eleven que está frente a mi oficina. Se trata de una tienda de autoservicio, siempre y cuando no vayas en muletas o silla de ruedas. Imposible alcanzar el yogur que está allá arriba. ¿Cómo te sirves el café si estás sentado en tu silla pero debes apretar la bomba del termo que ya quedó fuera de tu alcance? ¿De dónde te agarras para cerrar el vaso si tienes que soltar tus muletas?

Los empleados siempre están muy ocupados como para estar a nuestro lado frente al refrigerador esperando a que nos decidamos por el yogur con pasas o el flan con cajeta.

5) Transporte:

Este es todo un tema por el que ya nos hemos indignado en oleadas todos los que andamos sobre nuestros dos pies sin impedimento. Las distintas administraciones solo han practicado el surf sobre esas olas de indignación y han hecho la vista y el bolsillo gordo ante esta necesidad vital de la ciudad, nada menos que su aparato circulatorio.

Cuesta creer que el Alcalde sea médico para que no se le achicharre el corazón pensando cómo hace una persona en silla de ruedas o muletas para ir de un extremo a otro de la ciudad o de Plaza Río al Palacio de Gobierno (dos cuadras). Grandísima deuda de nuestros funcionarios que, cuando hacen algo, lo hacen por compasión demagógica y no como un verdadero incentivo para que los impedidos motrices se integren a la vida productiva o la recreación.

Hay muchos tijuanense que, por pequeños o complejos impedimentos físicos no pueden integrarse a la vida productiva o de consumo de la ciudad. Es lamentable, pero también es un llamado de atención para quienes tienen bajo su responsabilidad la planeación urbana, para que no solo administren la inercia del caos y diseñen excusas, sino para que hagan de la ciudad un lugar más habitable y “vivible” para todos.

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